Los pasos inquietos de Stephen resonaban por los pasillos de la sala de espera. Cada ida y vuelta reflejaba el torbellino de emociones que lo consumía por dentro. La ansiedad había marcado profundas líneas en su frente mientras luchaba por encontrar algo de calma en medio de tanta incertidumbre. Lo único que deseaba era estar junto a Anna, sostener su mano, darle fuerzas y acompañarla, pero las palabras de la enfermera seguían resonando en su mente: debía esperar afuera.
Con una de las empleada