Cuando Anna abrió lentamente los ojos, el mundo a su alrededor se veía borroso e indefinido. La habitación parecía envuelta en susurros y sonidos apagados. Parpadeó varias veces, intentando aclarar la vista, y, a medida que la neblina se disipaba, la escena frente a ella comenzó a tomar forma.
Se encontraba acostada en una cama de hospital, rodeada de una mezcla de rostros familiares y desconocidos. Sus voces se entrelazaban formando un suave murmullo que llenaba la habitación. Anna esforzó el