Lilith se encontraba sumida en un profundo sueño, donde la línea entre la realidad y la fantasía se desdibujaba en un horizonte de paisajes desoladores. En su mente, el Chaco Paraguayo se extendía como un mar de agonía, sus tierras desiertas y secas resonaban con ecos de un llanto que solo ella podía escuchar. Era el llanto de su bebé, quien había dejado este mundo antes de aprender a gritar con la fuerza de la vida, un grito qué fue silenciado sin vacilaciones por un ser tab cruel que debía de