Después de aquella noche los fantasmas del pasado amenazaban con salir a devorar todo a su paso, pero Lilith había aprendido a controlar aquellos pensamientos que en sus noches de soledad y dolor habían acabado con ella, sentada en aquel sillón de cuero con el bosque y los Cerros de San Juan observaba desde la Hacienda el Jaguar, Lilith acaricia la punta de su pistola.
— ¿Se encuentra bien? — Sergei la saco de sus pensamientos, pero Lilith no se había dado la vuelta.
— Yo solo vivo cada minuto