El aire dentro del despacho de Kamill Becker se volvió pesado cuando el informe llegó a sus manos. El líder de la Mafia Rusa no necesitó leer más de dos líneas para darse cuenta de lo que había sucedido: la entrega en Miami había sido un desastre. La mercancía nunca llegó a su destino.
Un silencio sepulcral se apoderó de la habitación. Nadie osaba respirar, la crueldad de Kamill no había sido puesto a prueba aun, pero nadie quería ser su víctima.
Kamill dejó el informe sobre su escritorio de ca