CAPÍTULO 92
Augusto estaba sentado en su sillón de lectura, con las piernas cubiertas por una manta ligera, mirando hacia el jardín sin ver realmente los rosales. Matilde, sentada frente a él dejó su taza de té sobre la mesa baja y lo observó con esa agudeza que sesenta años de matrimonio le habían otorgado. Conocía cada arruga de su rostro, cada suspiro, cada silencio.
— Querido —dijo ella, rompiendo la quietud con suavidad—, ahora que nuestros hijos están bien, que la empresa parece haberse e