CAPÍTULO 91
Lucía miró su reloj. Llegaba cuarenta minutos tarde.
Antes de llegar a la puerta, la secretaria ejecutiva que había servido a Alexander y que ahora la servía a ella con una lealtad dividida pero eficiente, se puso de pie de un salto.
— Señora Lucía —susurró con urgencia—. El señor Alexander está dentro. La reunión con Transportes Zambrano empezó hace veinte minutos.
Lucía asintió, agradeciendo la advertencia.
— Gracias, entraré ahora.
Empujó la puerta doble y entró.
La escena que