CAPÍTULO 60
Mateo, sentado en el borde del asiento del bus escolar con los brazos cruzados, no compartía el entusiasmo de su hermana. Sus ojos de niño, astutos y protectores, se fijaban en la nuca de un hombre sentado varias filas más adelante.
— Lucía… —susurró Mateo, acercándose a su oído—, ¿por qué invitaste al señor ese?
Lucía suspiró, acomodando un mechón de cabello rebelde tras la oreja.
— Yo no lo invité, Mateo. Se autoinvitó junto con toda su familia. Dijo que como patrocinador principa