CAPÍTULO 59
Victoria Navarro y Elisa de la Vega se sentaron frente a frente. No eran amigas, nunca lo habían sido. Sin embargo, el odio común tiene una forma extraña de forjar alianzas donde el afecto fracasa.
— Es fascinante cómo cambian las cosas, ¿no crees? —comenzó Elisa, removiendo su ensalada con una elegancia que rozaba el aburrimiento—. Hace diez años, tú eras la mujer que todos miraban. Hoy, pareces una invitada en tu propia vida social.
Victoria apretó el tallo de su copa de cristal.