CAPÍTULO 139
Como a media mañana, cuando el sol ya calentaba con fuerza y Sofía estaba bañada en una fina capa de sudor, un silbido fuerte y alegre rompió su concentración.
Sofía tiró de las riendas, haciendo que Eclipse redujera la marcha hasta un trote suave, y miró hacia la valla blanca que rodeaba la pista.
Allí, apoyado perezosamente contra la madera, con unas gafas de sol oscuras y una camisa de lino desabotonada, estaba Benicio.
A él le encantaba ver a su prima saltar. Siempre decía que