CAPÍTULO 102
— Es... acogedor —dijo Alexander, tratando de convencerse a sí mismo mientras se ajustaba el reloj, observando cómo su habitación de toda la vida se convertía en una guardería de lujo.
— ¿Crees que les guste? —preguntó ella, mordiéndose el labio—. ¿No es demasiado... ? Intenté que se viera hogareño, pero los techos son tan altos... Me da miedo que se sientan pequeños aquí.
— Les va a gustar, Lucía. Tienen camas nuevas, juguetes y, lo más importante, están contigo. Eso es lo único q