Capítulo 7. Una cita al ginecólogo
—¡Hazla!—, exigió Félix alzando la voz de repente y haciendo que Ximena se asustara un poco.
Ximena negó con la cabeza a pesar de que sus manos temblaban por el miedo. Ella sabía perfectamente que era un riesgo negarse a las órdenes de su esposo.
Félix la tomó del brazo y la arrastró afuera de la habitación. La arrastró hasta el cuarto de escobas y la metió allí. Luego le entregó la prueba de embarazo en las manos y cerró la puerta.
—No lo haré...—, dijo Ximena y se dejó caer sentada sobre el