Capítulo 67. Sin balas en la recámara.
El silencio de Félix fue la afirmación que Abigail necesitaba. Esa expresión en su rostro erizó su piel de una manera agradable. Por alguna enfermiza razón ahora le atraía mucho más.
—No te preocupes. Tu secreto está a salvo conmigo—, dijo Abigail en baja voz—, Además, no te culpo. Yo también lo hubiera hecho de haber podido—, reveló su perturbadora forma de pensar.
—¡Cállate!—, reclamó Félix entre dientes—, Alguien te puede estar oyendo.
—Tú tampoco estás actuando como alguien que acaba de p