Capítulo 37. Barragán
Facundo Lancer se sentó en una silla al lado de la recepción y no quiso moverse de ese lugar bajo ninguna circunstancia.
—Está listo el almuerzo. Debe ir al comedor para que le sirvan—, dijo una de las enfermeras que se acercó a Facundo.
Facundo negó con la cabeza y sin siquiera voltear a mirarla.
—No me voy a mover de aquí. Mi hijo está en camino hacia acá para venir a buscarme—, respondió Facundo.
—Muy bien, como quieras...—, dijo la enfermera y se fue—, Viejo estúpido—, exclamó en el pasil