Capítulo 113. Llegó el día.
Ximena no dejaba de llorar la muerte de su mejor amiga. Incluso habían madrugadas en las que se despertaba llorando y ya ella no estaba para que la abrazara o consolara. Así que debía abrazar la almohada y seguir llorando hasta quedarse dormida de nuevo.
Así pasaron los días y el poder de Félix aumentaba cada vez más. A este paso parecía que nadie podía derrotarlo. Todo aquel que intentaba algo en su contra terminaba muerto o destruido.
Ni siquiera el gran Haiko Torishima, con toda su riqueza