Capítulo 101. ¡Detente por favor!
—¿Qué demonios acabas de decir Ximena?—, reclamó Abigail estando debajo del umbral de esa puerta.
Al parecer, ella iba a tocar la puerta que Ramiro había roto, y terminó escuchando como Ximena confirmaba algo que la había dejado perpleja.
El rostro de Abigail estaba pálido y sus manos temblaban. Su boca estaba seca y sus ojos no se podían abrir más de allí. Ese era el límite de sus párpados.
—¡Abigail! ¿Cuánto tiempo llevas ahí parada?—, preguntó Ximena alejándose lentamente al mismo tiempo q