Valentina se detuvo en seco.
¿Adrián… muerto?
Puerto Viejo, Costa Este. Panteón familiar.
Valentina se plantó frente a la lápida de granito negro, mirando fijamente la foto de aquel hombre de traje, con ceño frío y severo. Su expresión era indescriptible.
Jamás pensó que, medio año después de aquella despedida, ya no tendría otra oportunidad de verlo en vida.
A su lado, su madre adoptiva la observaba en silencio antes de murmurar:
—Valentina, ¿me culpas? Aquella vez vinieron desde Chicago, dijer