A la mañana siguiente, en Italia.
Valentina Suárez apenas se había levantado cuando vio entrar a su madre adoptiva, con el rostro algo complicado.
—Mamá, ¿qué pasa? —preguntó levantando la cabeza.
La mujer dudó unos segundos antes de decir en voz baja:
—Desde Chicago me enviaron un mensaje. Es de Adrián Herrera, me pidió que te lo transmitiera.
Valentina se sorprendió, pero enseguida respondió con frialdad:
—No quiero escucharlo.
Su madre la miró fijo.
—¿Estás segura?
La verdad, cuando lo oyó po