99. Grietas que se ensanchan
La mañana siguiente llegó con una calma inquietante. James se despertó primero, un hábito que ya se había vuelto rutina. Se quedó frente al lavabo del baño, observando su reflejo en el espejo. Las huellas del cansancio seguían allí—imposibles de ocultar por completo—a pesar del traje impecable y la precisión de sus movimientos.
Su teléfono vibró de nuevo.
Llegó un correo, luego dos, luego cinco.
James no los abrió de inmediato. Cerró los ojos un instante, respiró hondo, como si se preparara par