98. El gráfico rojo
James no respondió de inmediato a la petición de Emma. Simplemente la miró durante unos segundos, como si sopesara algo que decidió no decir. Luego esbozó una leve sonrisa y asintió despacio.
—Confío en ti —dijo con sencillez—. Sin condiciones.
Emma cerró los ojos. James apagó la luz y se acostó a su lado, rodeándola con los brazos—un guardián que nunca dormía del todo.
Pero aquella noche, el teléfono de James vibró.
Una vez. Luego se detuvo.
James miró la pantalla. El nombre hizo que su mandíb