75. Un amor que ya no se esconde
Su regreso de Suiza no marcó el final de la magia; en cambio, abrió un capítulo más ruidoso. Su hogar volvió a llenarse de horarios, mensajes e invitaciones a reuniones. Emma entró en sus días llevando capas de roles: esposa, madre y diseñadora cuyo nombre volvía a resonar. La mesa del comedor a menudo estaba cubierta de bocetos, muestras de tela y los biberones de Ethan escondidos entre montones de papeles. La vida ya no era silenciosa, pero se sentía correcta.
Los contratos llegaron uno tras