61. No todos los escenarios deben derrumbarse
Emma seguía inmóvil frente al vestido cuando otros dos miembros del personal entraron en el almacén. Sus rostros cambiaron al ver el estado del vestido principal de la colección. El silencio cayó, denso y asfixiante.
—Esto… esto no puede ser —murmuró uno de ellos—. Cerramos esta sala con llave y nadie se atrevió a entrar.
Emma retiró lentamente la mano, como si la tela pudiera herirla aún más. Tenía los dedos fríos y la respiración entrecortada. Cerró los ojos un instante, intentando contener e