60. El vestido destrozado
Aquella mañana llegó demasiado pronto para Emma.
La luz del sol se filtraba por la rendija de las cortinas del dormitorio, rozando el rostro de Ethan, que aún dormía en la pequeña cuna junto a la cama. Emma se despertó antes, como siempre; su primer reflejo fue comprobar que la respiración del bebé era regular. Su mano se posó sobre aquel pequeño pecho y sonrió aliviada.
Pero antes de que lograra serenarse del todo, oyó los pasos de James en el pasillo. Entró en la habitación con una expresión