59. La sombra que se niega a desvanecerse
El tiempo parecía avanzar en paralelo en dos lugares distintos.
En un lado de la ciudad, las luces del estudio de la casa de moda seguían encendidas aunque la noche ya había caído. Emma estaba de pie frente a un gran espejo, ajustando el pliegue de la tela en el último maniquí. El aire de la sala estaba impregnado de aroma a café, telas nuevas y un cansancio dulce. En un rincón, James estaba sentado en un pequeño sofá, sosteniendo a Ethan, que acababa de quedarse dormido, su pecho subiendo y ba