29. La sombra que regresa
Emma estaba sentada en el sofá, con una manta gruesa sobre los hombros. James permanecía en la silla frente a ella, mirándola en silencio. No se pronunciaba palabra alguna, pero el aire entre ambos era distinto aquella noche: más callado, y a la vez más cercano.
Después de unos minutos, Emma alzó la vista hacia James con una leve sonrisa.
—Sabes, no imaginé que pudiera volver a sentirme tan segura… otra vez.
James no respondió de inmediato. Observó el rostro de la mujer —suave, cálido, pero aún