144. Dejar de luchar contra la oscuridad
James leyó el mensaje una vez. Luego dos veces.
Su expresión no cambió de inmediato, pero sus dedos se tensaron alrededor del teléfono. Emma, sentada a su lado, percibió el sutil cambio.
—¿Qué pasa? —preguntó en voz baja.
James no respondió enseguida. Miró a Ethan, que estaba tumbado en el suelo, absorto en un nuevo dibujo, con la punta de la lengua asomando por la concentración. Luego se levantó.
—Vamos al estudio —le dijo a Emma, tranquilo pero firme.
Emma lo siguió sin protestar. En cuanto l