133. Encontrando la forma de entrar
La mujer estaba al otro lado de la calle, medio oculta por la sombra de la luz de una tienda. Su abrigo era oscuro, sus pasos sin prisa, su sonrisa fina—una sonrisa que no pedía permiso. Llevaba varios minutos observándolos, desde que vio a Emma salir de la pequeña librería con los ojos brillantes, desde que James permanecía afuera esperando, paciente, sin inquietud. La escena atravesaba con precisión, sin ruido.
París tenía una forma de reunir a personas que no se estaban buscando.
Recordó el