115. Ancla emocional
James guardó silencio después de que sus últimas palabras quedaran suspendidas en la habitación del hospital. El monitor emitía un pitido suave, con un ritmo constante—en contraste con su pecho, que aún no encontraba el suyo. Emma volvió el rostro hacia la ventana, secándose las lágrimas que caían sin hacer ruido. Una nueva distancia se instaló entre ellos, no nacida de secretos, sino de una herida que ninguno sabía aún cómo nombrar.
—No te estoy culpando —dijo Emma al fin, con la voz débil per