Vanessa Torres se consideraba a sí misma una mujer paciente. Había cultivado esa paciencia durante años de audiciones donde directores de casting la miraban como carne fresca. Durante sesiones fotográficas donde fotógrafos le pedían "solo una más" hasta que el sol se ponía y sus pies sangraban dentro de tacones de diseñador. Durante meses persiguiendo a Samir Hadid, esperando el momento perfecto para convertirse en algo más que su entretenimiento temporal.
La paciencia era una virtud. Pero incl