La tarde transcurría con una lentitud tortuosa. Tras alimentar a los gemelos, Ela los dejó en su habitación, donde se entretenían construyendo altas torres de bloques de madera que, al derrumbarse, provocaban estallidos de risas. Ella se retiró a la sala, mirando la pantalla de su teléfono sin rumbo fijo, hasta que el sonido de un motor resonó en la entrada circular.Su cuerpo se tensó instintivamente. Samir regresaba tarde, mucho más tarde de lo habitual. Con un presentimiento teñido de amargura y resignación, Ela supuso que él habría estado ocupado consolando a Vanessa tras el altercado en el jardín. Seguramente, la amante habría corrido a sus brazos buscando refugio, derramando lágrimas de cocodrilo por su vestido arruinado y su orgullo herido, esperando que él castigara a su "terrible" esposa.La imagen de Samir abrazando a Vanessa, acariciando su cabello y susurrándole consuelos, se proyectó con nitidez en la mente de Ela. Para su sorpresa, el pensamiento no le produjo el dolor p
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