24.
Daniel.
Ni siquiera lo pienso. Salto el espacio que nos separa en dos zancadas, y antes de que pueda arrepentirse la tengo empotrada con el pecho contra la pared y su espalda pegada a mi pecho. Dibujo la silueta de su cuerpo con mis manos desde la altura de sus pechos hasta el inicio de sus piernas sintiendo cada curva y cada relieve a pesar del uniforme que trae puesto.
Ella gime disfrutando de mi exploración sin saber que me estoy conteniendo para no sacarle la ropa y volverla m****a. Inclu