29.
Clara.

—Entonces dime, ¿cómo es?

Ruth permanece recostada sobre su estómago, con los codos sobre el colchón sosteniendo su quijada con ambas manos. Suspiro trayendo a mi mente esa sensación que solo él puede hacerme sentir. Es hilarante.

—No creo que pueda describirlo...

—Oh, vamos, inténtalo al menos. —insiste.

Sonrío colocando las últimas piezas de mi uniforme recién lavado en el pequeño guardarropa que hay junto a mi cama.

—Es oscuro... —verbalizo la sensación que me aprieta el pecho ca
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