El silencio que siguió al beso fue tan abrumador que Emma sintió que el aire mismo se había vuelto denso, difícil de respirar. Luca dio un paso atrás con brusquedad, pasándose una mano por el cabello con un gesto que delataba un desconcierto genuino, como si acabara de descubrir en sí mismo algo que preferiría no haber encontrado nunca.
—Eso no debió pasar —dijo, con una voz ronca que todavía llevaba el eco de la intensidad de hacía apenas unos segundos.
—Luca... —comenzó Emma, sin saber exacta