Luca había llamado a Emma más de veinte veces desde que Ottavia le informara, con evidente preocupación, que la señora había salido de la mansión temprano esa mañana sin decir a dónde se dirigía. Cada llamada terminaba en el mismo tono de voz mecánico anunciando que el teléfono estaba apagado o fuera de servicio, y con cada intento fallido, la inquietud de Luca se transformaba gradualmente en un pánico genuino que no había sentido con esa intensidad en años.
Finalmente, después de horas sin not