Pasada la medianoche, Luca Moretti seguía despierto, como casi todas las noches desde que había asumido el control absoluto de Grupo Moretti. El sueño nunca había sido su fuerte; su mente insistía en repasar cifras, contratos, proyecciones de fusión, incluso cuando su cuerpo exigía descanso. Estaba sentado en el despacho privado contiguo a su habitación, revisando un informe financiero por tercera vez, cuando un aroma extraño comenzó a filtrarse por los conductos de ventilación de la mansión.Al principio lo ignoró, asumiendo que se trataba de alguna imaginación producto del cansancio. Pero el olor persistió, y fue intensificándose minuto a minuto, mantequilla derritiéndose, un toque de vainilla, algo dulce y cálido que despertaba un hambre que Luca no sabía que tenía. Frunció el ceño, dejando el informe a un lado. La cocina principal de la mansión estaba cerrada a esas horas, y el servicio doméstico jamás cocinaba de madrugada sin autorización expresa.Se levantó, siguiendo el rastro
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