Las palabras de la madre de Luca quedaron flotando en el aire como un veneno lento, incluso después de que ella se retirara del salón con la misma frialdad calculadora con la que había llegado. Emma se quedó de pie, sintiendo que la humillación de esa noche se sumaba a un catálogo entero de heridas similares, pero notó, con una atención renovada, que Luca no se había quedado en silencio esta vez.
—Eso fue completamente injusto —dijo Luca, siguiendo a su madre unos pasos antes de que ella desapa