Los días posteriores al regreso de Luca transcurrieron con una calidez nueva que Emma todavía no terminaba de asimilar del todo. El delantal bordado con su nombre colgaba ahora en un lugar de honor dentro de la cocina principal, y aunque ninguno de los dos había vuelto a mencionar directamente el beso ni las palabras que lo habían precedido, algo fundamental había cambiado entre ambos: las comidas compartidas se habían vuelto más frecuentes, las conversaciones más largas, las miradas sostenidas