Hora de tomar el toro por los cuernos.
Salgo de allí y la alcanzo en la habitación. La repaso de pies a cabeza y disfruto de la exquisita figura de mi esposa que, aunque ha perdido algunos kilos, sigue viéndose tan hermosa como siempre. Es un espectáculo observar tan maravillosa obra de arte. Esa fue una de las razones por las que caí inevitablemente rendido a sus pies. La recorro con mis ojos por completo y deslizo la lengua por mis labios ante tanta exquisitez.
―Cariño, por favor ―le hablo c