ISABELLA
Una voz grave se escuchó a un lado.
Vincenzo volteó en esa dirección y se quedó boquiabierto.
—¿Tú qué haces aquí?
Alexander me rodeó los hombros con un brazo. Al no sentir resistencia de mi parte, apretó un poco el agarre.
—Soy su prometido. ¿Por qué no habría de estar aquí?
La noticia lo dejó paralizado. Su mente se quedó en blanco y, por un segundo, un zumbido le impidió escuchar nada más.
—¿Prometido? ¿Cómo es posible? ¿Cómo que es tu prometido?
Se le enrojecieron los ojos y le temb