VINCENZO
—¡Paga lo que me debes, Fabian!
Claudia se aferró al borde de la ventana y soltó una carcajada mientras miraba a Fabian, que seguía atrapado bajo la columna.
Entonces, se arrojó al vacío. Cuando sintió la humedad del pasto, se quedó tendida, riendo hasta que las lágrimas le corrieron por las mejillas. La euforia de haber sobrevivido la dominaba.
Mientras tanto, la habitación, y Fabian dentro de ella, fue devorada por un muro de llamas. La alegría de Claudia no duró mucho. Las pastillas