El aire de la mañana estaba fresco mientras Caleb y yo permanecíamos al borde del bosque, el sol apenas asomándose por el horizonte. El ejército de betas se reunía detrás de él, sus conversaciones apagadas se mezclaban con el susurro de las hojas. Forcé una sonrisa, con el corazón oprimido ante la idea de que él se marchara.
—Prométeme que tendrás cuidado —susurré, mi voz apenas audible sobre la brisa matutina.
Los ojos grises de Caleb se suavizaron, mostrando un raro atisbo de vulnerabilidad q