“Mantén firmes las riendas, Nova”, grité, mientras mi voz resonaba en el claro del bosque. El sol del final de la tarde proyectaba largas sombras, pintando la escena en tonos dorados y verdes. Aaron se reía mientras su pony trotaba obedientemente, pero Wolf fruncía el ceño y, frustrado, arrojaba las riendas al suelo.
—¡Suficiente! Nunca aprenderé a montar —declaró, con sus pequeños puños cerrados a los costados.
—Cálmate, Wolf. Solo necesitas practicar —dije, tratando de mantener mi tono tranqu