—Giafranco, ¿te gustaría visitar las tierras reales? —pregunté, mi voz firme pero cargada de curiosidad.
—Claro que si —respondió, sus oscuros ojos brillando con interés—. Dime ¿qué debo hacer?
Caminamos por el pasillo, las antiguas paredes de piedra resonando con el eco de nuestros pasos. Mientras avanzábamos, voces distantes llegaron a mis oídos—Amber y Aidan en medio de una acalorada discusión.
—Amber, no puedes hacerte amiga de nadie, ¡especialmente de Ezra! —La voz de Aidan era severa, pe