El mensaje le llega a Henry pasadas las ocho de la noche. Breve, directo. Solo cinco palabras que logran encogerle el estómago: “Podemos hablar. Esta noche.” El remitente es Isabella.
Él lo mira durante largos segundos, con el móvil temblando entre sus dedos.
No hay reproches en el texto, tampoco amenazas. Pero eso no hace que se sienta menos condenado. Porque sabe que esa cita no es un punto de partida, sino una despedida necesaria.
La última oportunidad que Isabella le concede, tal vez no p