La cafetería donde Camille ha citado a su nuevo aliado es elegante, casi lujosa, pero tiene un aire de oscuridad, de secretos enterrados bajo risas y tazas de café humeante.
Ella está sentada en una esquina, las piernas cruzadas con naturalidad, jugando con la cucharilla entre sus dedos perfectamente cuidados.
Sus labios, pintados de un rojo profundo, esbozan una sonrisa impaciente mientras revisa su teléfono.
Ha pasado mucho tiempo estudiando el pasado de Isabella para saber por donde atacar