La tormenta mediática no ha amainado. A pesar de la entrevista de Alexander, a pesar de que el CEO de Blackwood confesó frente a millones de espectadores que los trillizos eran sus hijos, los medios siguen hambrientos de titulares, de escándalos, de más.
Los flashes no cesan frente al edificio donde vive Isabella, y cada vez que intenta salir con los niños, debe soportar preguntas cargadas de morbo, insultos disfrazados de opiniones y el clic constante de las cámaras que buscan captar cualquie