Cuando abrió los ojos, la luz del sol le dio de lleno en la cara.
Alguien había corrido las cortinas, fue lo primero que notó Adriel, al enderezarse y repasar su entorno.
De pronto fue como si hubieran encendido un interruptor en su cerebro, los recuerdos de la noche anterior le llegaron de golpe.
El beso.
Frunció el ceño ante el recuerdo.
Se incorporó con cautela y se miró a sí mismo; estaba perfectamente vestido. Llevaba la misma camisa, los mismos pantalones del día anterior. No se había