Finalmente, sentía que podía respirar con normalidad. Habían pasado varias horas desde que los niños nacieron, pero seguía sintiéndose débil, aunque un poco más recuperada.
Se encontraba recostada en la cama, a la espera de las visitas que sabía, no tardarían en llegar, aunque lo menos que tenía era ganas de ver a alguien.
La puerta se abrió entonces con suavidad y pudo ver a sus hermanos, asomándose.
Se obligó a sonreír.
Siempre era bueno verlos.
—¿Lista para recibir visitas? —La voz de Mate