Jade miraba por la ventana con gesto ausente; aquella se le había vuelto una desagradable costumbre.
—¿Qué esperas, querida? —solía preguntarle su abuela, cuando la encontraba de aquella manera tan sospechosa.
—Nada —respondió ella, aun sabiendo que aquello no era cierto. Sí que esperaba algo, pero no le gustaba admitirlo.
Esperaba que Adriel apareciera por aquella puerta, esperaba que le explicara quién era esa mujer con quien lo había visto hacía dos meses.
Pero él no había aparecido ni u