El pestilente hedor a alcohol barato y sudor rancio le llegó directo a su olfato en cuanto abrió la puerta de entrada de su humilde morada.
La joven hizo una mueca de desagrado al tiempo en que se agachaba y se disponía a recogerlo todo. Era increíble la cantidad de botellas vacías que había en el suelo.
Pero no solo eso...
También había ropas de dos personas.
Un hombre y una mujer.
Acompañado de sonidos obscenos que provenían de la habitación de su madre.
Al parecer, a la mujer mayor no l